Buena cara (fragmento)

Y cuando hube bebido suficiente vino me marché para no llorar, para tampoco olvidarte.
Recordé en esa caminata la vez que fuimos a ver el acto de un trapecista ibérico, la misma en que después de un mal negocio con la vida, hice otro peor: dejé ir un hermoso sueño traidor y me devolvieron recuerdos… insignificantes deseos que la oscuridad de la noche contrasta, como luces de un pueblo lejano cuyo nombre ni siquiera pude imaginar cuando jugaba a estar perdido.
Es tan poética esa fotografía de ti, como puta borracha en sus brazos. Una puta caliente y envalentonada. Una puta triste a todo fulgor.
Volvimos a olvidarlo todo. Volvimos a nacer y a maldecir el parto y a ponerle buena cara.
Ya no te pediré que me salves del vértigo de esta caída libre, no después de que te dediqué versos amargos (que un día has de beber hasta el fondo) con todo mi amor.
Permíteme odiarte, estas letras te rinden irremediable tributo. He malgastado mis cenizas. He pretendido, ridículamente, desafiar a la eternidad. He pretendido, ridículamente, viajar junto a ti, a la misma velocidad -y tan lenta que pareces. Sería ingenuo pensar que he dejado de quemarme en tu fuego o que que ya no aparezco en tus sueños y hoy no quiero escapar, ni siquiera de ti.

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