La niña y el microbús
La silueta de una niña, una adolescente menuda, mestiza, que cruza la calle, se ve recortada por las luces y la presencia de un microbús desproporcionadamente grande que aguarda la luz verde. El camión es robusto, se infiere agigantado, engordado de tecnología; un armatoste que transporta, semejando un trasatlántico, a cientos de personas hacia sus dormitorios, a través de colinas forradas de miseria urbana. Hace apenas unos minutos, el sol extendía sus últimos rayos.
El niño y el oso
Un hombre lleva de la mano a un niño, el niño lleva en la mano un osito teddy, uno café, clásico. El niño va muy arropado, apenas le asoma la cabeza rubia de cabellos parados y una parte del rostro, tiene cara de pollito y sus ojos redondos hurgan el entorno como buscando algo. El oso se parece al niño como el niño al hombre.
El cosmonauta
Un cosmonauta viste todavía su inflado traje naranja, ha dejado caer toda su humanidad sobre un silla que parece que se romperá, descansa sus antebrazos sobre una mesa de madera tan vieja como la silla. Lo único que ilumina la tristeza de su rostro es la flama de una vieja lámpara de aceite cuyo reflejo tiembla en sus ojos, que están hechos del mismo líquido frío que la soledad. Algunos galardones adornan la pared.
El tranvía
Un tranvía viaja a gran velocidad flotando sobre rieles magnéticos. Adentro, el viejo científico, callado como todos los demás, comienza a sospechar la existencia de Dios, en el más íntimo secreto. En la calle ve pasar unas siluetas borrosas de lo que cree que son un hombre que lleva a un niño, que a su vez lleva un osito teddy.
D.S.