El resumen (Isabel Lafont, El País, 18 nov. 2009)
¿Cómo un tiburón disecado, suspendido en un tanque de formol, puede llegar a valer 12 millones de dólares?, es una cuestión que intenta responder el economista norteamericano Donald N. Thompson, a través de una investigación que publica bajo el título: La curiosa economía del arte contemporáneo y las subastas.
En esta aventura, Thompson afirma que “al igual que Coca-Cola o Nike, hay artistas, galeristas y casas de subastas que han adquirido una valor como marcas”. Galerías, artistas y coleccionistas son, según esta tesis, engranajes de una maquinaria que, con marketing dirigido y una marca de éxito, genera precios inexplicables, ilógicos para tiburones disecados o balones de baloncesto.
Detrás de esta feria de vanidades hay factores psicológicos y sociales. Muchos de los compradores no son especialistas ni entendidos. Simplemente son muy ricos (en muchos casos nuevos ricos, como algunos rusos y chinos), y necesitan tener la seguridad de una buena compra; se fían de las marcas reconocidas. Confían en su galerista como en un asesor financiero: es la idea de comprar arte más con los oídos que con los ojos, de comprar el esperado valor futuro del artista.
La cita (Roberto Bolaño, Los detectives salvajes)
Durante un tiempo la Crítica acompaña a la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los lectores mueren y la Obra sigue sola, aunque otra Crítica y otros Lectores vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa ola de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura. Pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la obra viaja irremediablemente sola en la inmensidad. Y un día la obra muere como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de los hombres.
Entre el resumen y la cita, entre estas dos contrastantes maneras de percibir la Obra; entre la feria de las vanidades de los derrochadores y el nihilismo del filósofo, está una delgada franja que transitamos el resto de los mortales. Y en esta franja tenemos que aprender a movernos guiados por nuestros instrumentos, hechos de cultura y subjetividades, de caprichos, percepciones y necesidades estéticas, guiados a fin de cuentas por el astrolabio de nuestra intuición, por aquello de nosotros que, a través del arte, se cuestiona la realidad de lo tangible e intenta desenmarañar la trama de los sueños.
Habemos en esta franja quienes seguimos buscando en el arte, porque creemos que el arte transforma y esperamos que siquiera sea capaz de inventar una nueva conexión sináptica, de provocar profundas y emocionantes experiencias. El arte no es eterno, el arte no es la verdad, pero muchas veces es capaz de acercarnos a su brillo.
Texto escrito con motivo de la inauguración del taller de mi amigo y hermano Francisco Montejano.
D.S.