1. La Señorita Vásquez (Bastet)
2. The knife
3. … ?
Bueno, creo que nada más fueron dos.
Ahh! sí, los Delicados con filtro
Gracias!!!
D.S.
1. La Señorita Vásquez (Bastet)
2. The knife
3. … ?
Bueno, creo que nada más fueron dos.
Ahh! sí, los Delicados con filtro
Gracias!!!
D.S.
En creerte y saberte única,
tal vez en eso radique la alquimia
…
En esos diminutos mundos
que se inventan o se descubren
—
Para Ivanova
D.S.
Iván el soviético
Iván el soviético cierra los ojos al recibir el agua caliente, casi quemante en la nuca y el cuello, que cae de la ducha; se le ponen los vellos de punta, casi llora del placer que le produce y por un instante olvida que acaba de ‘desaparecer’ el cadáver de una joven. Por un instante olvida el inmenso repudio que siente por la soledad de su hermano, esa que lo llevó a la locura. El alivio es efímero porque, envuelto en la toalla, con los ojos cerrados, se percata de que aquel repudio, no es otro que el que siente por sí, al reconocerse como desertor.
Una fotografía
Tal vez sea por la edad, pero los recuerdos se le revuelven con el pensamiento. El viejo científico dibuja fórmulas en un cuaderno, sólo por entretenimiento esta vez. Vuelve a sacar la fotografía de la niña mestiza que guarda entre las aburridas páginas de un libro corriente, amarillento… el amor tiene tantos caminos, recuerda.
El papel que voló trazando caprichosas trayectorias
El osito Teddy cayó al suelo porque las diminutas manos del niño fueron a buscar por instinto aquel papel que salió por la ventanilla de un veloz tranvía. El padre le arrebató la fotografía, la reconoció y después de unos instantes recogió el osito de la acera y se lo entregó, en aparente calma, al niño rubio de cabellos parados, que trataba de comprenderlo todo. Sus ojos, por un momento, dejaron de buscar lo impredecible que la vida entrega, de vez en cuando, en un papel que vuela envuelto en los caprichos del viento citadino.
Efímero recuerdo
Misha bajó ligeramente la cremallera de su traje naranja, de su apestoso traje naranja que es como una segunda piel desde hace cinco años. Recuerda por un instante el día que fue dado de baja del programa de exploración espacial, pero olvida de inmediato. Desenvuelve el instrumental quirúrgico con el que hará entender a la menuda joven, que es una pitonisa cuyo único deber es conocer el significado de las señales que el cosmos le ha dado a Misha. La extraña belleza de la pequeña mestiza es el inequívoco signo de su identidad. Una vez más se equivocó. Se mira sudoroso y gordo en el espejo, y siente que sus ojos están hechos de un líquido extraño que no identifica, pero que le evoca la infancia.
___
Per Lezti Abril
D.S. Il selvaggio dottore della Selva, un’altra volta.
Confundo el sueño con el olvido
olvido con facilidad la permanencia que tienen los recuerdos
y despierto cada mañana para hacer una teoría del mundo que me explique tu ausencia
una mejor que la anterior, sin fallas
pero igual que siempre no me cuadra, la teoría en las manos se me desarma
termino manipulando, deshilachadas hipótesis y palabras
una mezcla variopinta de silogismos y sofismas
que no sirven ni para olvidar ni para explicar
y al llegar la noche, busco nuevamente en el sueño, lo que no encontraré jamás
D.S.
Piérdete en la vorágine social
niña consentida
y postergada
–
Ve por todo aquello que te deben
piérdete en esa inútil guerra mundial
a ver si te regalan dos palabras
o un gesto de aprobación
–
Sueña con la efímera espuma social
muere por cumplir con la moral de cartón
–
Luego sal a la calle
ponte el i-pod y, “genuina”
blande esa infalible felicidad (que ingenuo amé)
esa mágica sonrisa que regala raudales de belleza
–
llora sin llorar
calla
y espera una nueva oportunidad
————–
Dr Salcs, el primate
Bebí de tus poemas de incontestable belleza
crecí en tu arrullo
besé la eternidad que te cobija y que esperó tu regreso con ansiedad
renegué con rabia de tanta grosería
lloré atascado en estos pantanales de ignorancia
abría más mis ojos para combatir la ceguera
pero eran mis ojos, abiertos o cerrados, ciegos
y la única luz fue tu voz
en ti entendí el amor a fuerza de recalar en él
viví la plenitud del abandono
idolatré La promesa
y ebrio y hecho ovillo la olvidé
rodé por las barrancas del olvido
al fin regresé, humilde y puro, a dormir a tus pies
D.S.
No sé qué hace toda esta carne pegada a mis huesos
a mis sagrados huesos
y todos esos cigarrillos intactos en la caja, sin fumarse
no sé porqué no estoy herido, lacerado
Qué hago yo aquí ahora tan entero
cínico, crápula, cobarde
tan civilizado
tan correcto que no sé por qué no causo asco
Si tus causas son mis causas
y no me cansaría de secar tus lágrimas
y de llorar contigo
de darte de beber mi saliva
de lloverte en inesperadas alegrías encima
Quizás no pude verte
quizás entretenido en un sueño idiota
en antiguos espejismos
comprando papel para vender papel
Hoy no quiero tener estos ojos encima de mí
este perfumado animal diciéndome que tengo que ser yo
apelo a la bendición del olvido
para renacer
D.S.
“Suficiente sal…” – pensé al escuchar Hidden (2010), último álbum de These new puritans.
De modo curioso, el eco de estos nuevos puritanos me transportó al momento que dedicamos para libar la jugosa sobriedad de The xx, cuando otorgaste – y yo asentí – un alto valor a su moderación y templanza, por ser cualidades que delinean la antítesis entre los arreglos oportunos y los adornos superficiales en una creación musical.
Precisamente, The xx nos han maravillado por un sinte y un keyboard que despuntan con mesura, dos voces que se corresponden con belleza y que montan la escena arropadas por una delicada soltura de cuerdas, como si la entera misión fuese el culto a la frugalidad.
Así, sobre la magna ausencia de composturas y atavíos, la noble majestuosidad de contrapuntos y la docilidad de las voces, se glorifican Crystalised, Islands o Heart skipped a beat, por mencionar sólo algunos de los títulos que lustran su primer álbum homónimo: XX (2009).
De principio a fin, hemos agradecido el desdén de Romy y Oliver (voces), una actitud que para este efecto es traducida como: supresión de soberbia. En suma, una existencia afortunada la de este cuarteto de veinteañeros británicos cuyas notas y letras ya no se pierden de nuestros oídos y labios; no son más una “x” a la izquierda y no lo serán por mucho tiempo, indudablemente, aunque nosotros para ellos continuemos desapercibidos, probablemente…
Por su parte, These new puritans viste de gala su nueva creación (Hidden, 2010) y no es exactamente simplicidad lo que registró el cerebro cuando escuché We want war, por ejemplo. A diferencia de sus coterráneos, these british puritans magnifican en Hidden cada uno de los instrumentos y los recursos vocales empleados. Elocuente ironía va y viene en cada uno de los tracks, como ha sucedido desde el primer disco Beat Pyramid (2008).
Irónico es que para estos puritanos sea impensable estandarizar su sonido con el de otras bandas, de ahí que todas las piezas del segundo álbum libren lo homogéneo por su sofisticada complejidad y nublen con delicia el aire, mediante la lóbrega orquestación de percusiones, vientos, cuerdas, synths e incluso, del legado japonés y sus tambores.
Mas, detengo aquí la insolente descripción para permitir que tú, él, nosotros, ustedes y ellos, construyamos desde cero una justa dimensión al respecto. Aquí están The xx y These new puritans para ser escuchados y observados, como sugiere Stravinski que se haga con la música.
Tla
La niña y el microbús
La silueta de una niña, una adolescente menuda, mestiza, que cruza la calle, se ve recortada por las luces y la presencia de un microbús desproporcionadamente grande que aguarda la luz verde. El camión es robusto, se infiere agigantado, engordado de tecnología; un armatoste que transporta, semejando un trasatlántico, a cientos de personas hacia sus dormitorios, a través de colinas forradas de miseria urbana. Hace apenas unos minutos, el sol extendía sus últimos rayos.
El niño y el oso
Un hombre lleva de la mano a un niño, el niño lleva en la mano un osito teddy, uno café, clásico. El niño va muy arropado, apenas le asoma la cabeza rubia de cabellos parados y una parte del rostro, tiene cara de pollito y sus ojos redondos hurgan el entorno como buscando algo. El oso se parece al niño como el niño al hombre.
El cosmonauta
Un cosmonauta viste todavía su inflado traje naranja, ha dejado caer toda su humanidad sobre un silla que parece que se romperá, descansa sus antebrazos sobre una mesa de madera tan vieja como la silla. Lo único que ilumina la tristeza de su rostro es la flama de una vieja lámpara de aceite cuyo reflejo tiembla en sus ojos, que están hechos del mismo líquido frío que la soledad. Algunos galardones adornan la pared.
El tranvía
Un tranvía viaja a gran velocidad flotando sobre rieles magnéticos. Adentro, el viejo científico, callado como todos los demás, comienza a sospechar la existencia de Dios, en el más íntimo secreto. En la calle ve pasar unas siluetas borrosas de lo que cree que son un hombre que lleva a un niño, que a su vez lleva un osito teddy.
D.S.